Fracasé.

Hoy he tocado fondo. Todo lo que podía salir mal salió así. La vida se encarga de recordarme que no soy el protagonista de la peli, ni tampoco voy a protagonizar uno de esos videos en los que se ve la evolución, de un antes fatídico y un después triunfal.

Hoy he sacado un mal resultado. Puedo pensar, ¿y qué? Volveré a tener otra oportunidad. Me repondré como lo hace todo el mundo. Después de caerse, toca levantarse. Mirarte en el espejo y repetirte que no eres un fraude. Tal vez comentarle esto a alguien que te quiera escuchar, y recibir su consejo sin agachar la cabeza.

Hoy he perdido. Me han derrotado. Me han pasado por encima y eso no se puede remediar. Tengo tanto que mejorar que siento que empiezo de cero. No. De hecho siento que empiezo de -1, ya que la idea de que lo he planteado mal desde el principo me provoca esa sensación de hándicap.

Hoy me siento chafado. Sé lo que hay, porque no soy el protagonista del cuento. Me tumbo sobre la cama mirando al techo e intento reflexionar sobre el porqué.

He comenzado tantas actividades, que me es imposible mejorar en todas ellas. Claro, es eso. ¿Cómo pretendo ser perito de algo que por mucho que practique, se disipa con todo lo demás que hago..? Me engaño a mí mismo cuando creo saber lo que quiero. No hago más que probar cosas nuevas evadiendo la única realidad que es que no logro echar raíces en nada de lo que hago. Y así sigo dando tumbos de hobby en hobby, pero sin ahondar lo suficiente para sentirme que forma parte de mí. El resto de la gente tiene algo en lo que destaca. Te animo, lector, a que hagas esta reflexión. Seguro que hay algo que haces bien. Que te convierte en algo así como un entendido. Pues bien. Yo no tengo nada. Por mucho que lo he buscado. Por mucho que lo he intentado.

Esa manera de sentirte que estás en esta vida para algo. Si tú has experimentado esta sensación, te aplaudo lleno de admiración.

Seguiré buscando, eso sí, cuando me vuelva a levantar.

Gracias por vuestro tiempo.

Nunca me pasa nada interesante I

Me he comprado una de esas velas perfumadas de Ikea. Concretamente la de color verde, de color a manzana. Vas caminando por sus pasillos laberínticos y derrepente te embarga una odoración como de mil ambientadores juntos. Y allí estaban apiladas una docena de filas de estas velas.

El caso es que no es la primera que me compro. La verdad sea dicha, ambientar ambientan poco, pero si hay algo que me revienta es que se consuma tan solo la parte central, aquella que está rodeando el pabilo (más conocido como la mecha o cuerdecilla que se prende) dibujando un socavón en 3D. Y decía la etiqueta que dura 40 horas encendida… y una leche.

-De eso nada, monada -pensé-. Se me ocurrió la idea más sencilla para alargar la duración de la vela. “Si empujo la cera hacia el centro del agujero, en contacto con la llama, se consumirá en su totalidad”.

Qué fácil. Miré a mi alrededor para ver qué encontraba, y en una taza en la que coloco los bolígrafos vi un rotulador que ya no pintaba. De lujo. Le quité la tapa y hundí la punta del rotulador desgastado en la cera, de modo que la aproximaba a la llama tal como expliqué antes. Pero entonces, ¿qué iba a hacer yo con el rotulador con la punta llena de cera pringosa, cual cucharilla después de comer un yogurt? Correcto. La dejé metida en la vela.

Puse la vela en el suelo mientras yo estaba en el sofá. La coloqué entre mis piernas, de modo que me subía un ligero calor que me daba directamente en las manos.

Y de repente sonó la inesperada deflagración .

El rotulador salió disparado como un cohete hacia el techo, a escasos metro de mi cara. Rebotó y me dejó una mancha allí arriba que cada vez que viene alguien a casa no encuentro excusa que inventarme para explicarlo. Cuando lo recogí del suelo, la punta había desaparecido, y el rotulador había quedado como la vaina de un cartucho después del disparo. ¡Sin haberlo preparado había conseguido hacer un arma de fuego!

Gracias por vuestro tiempo =)

La unión carnal en la pareja es de dos

Musa de mis pinturas y de mis canciones. Diamante sobre todos los minerales. Princesa de la realeza. Eres la Emilio Tucci de los trajes y la Paco Rabanne de todas las fragancias. Tu pelo son láminas de oro, tus ojos son el espejo del paraíso y tus labios tienen la textura de una hogaza de pan recién horneada. Tú, que eres una diosa de belleza sobrenatural y la perfección hecha mujer, con tan solo mirarme ya consigues que me estremezca.

Ya está. Me has hecho el conocido como”gesto de que me apetece cariño”. Consiste en lanzar un suspiro y quedarte sonriendo, para posteriormente… quedarte parada a esperar que yo mueva ficha. Genial, estoy de enhorabuena. Supongo que no me queda otra que aprovecharlo, ¿verdad? Aquí no importa el contexto. No necesitas currártelo, ni música romántica ni velas perfumadas, ¿no es así? No estoy diciendo que me haga falta, nada más lejos de la realidad, pero déjame decirte que en una relación sexual, aunque parezca descabellado, el chico también tiene que quererlo.

Estoy cansado de que se nos trate como un resorte que funciona presionando un botón. Nosotros somos rechazados sistemáticamente por vosotras, aludiendo a adjetivos como “brutos” o diciendo que “solo vais a lo que vais”. Tengo la impresión de que en muchas ocasiones la mujer parece que le está haciendo un favor al hombre por acostarse juntos. ¡Mierda! ¡NO! Hacer el amor con tu pareja debe ser un encuentro increíble en el que compartir esa intimidad y privacidad que no tienes con nadie más. Todo lo que se salga de este precepto, dentro de una pareja, es una equivocación.

En estos tiempos de búsqueda incesante de igualdad, pido igualdad de condiciones también en este tema.

Nanostory I

Ayer estaba caminando por la calle Atocha cuando reparé en una conversación telefónica de alguien que caminaba a mi lado.

Esto fue lo que escuché:

-Oiga… ¿Sí? ¿Se me oye? Sólo llama para deciros que me dejéis de llamar-.

Me pasé una hora pensando ejemplos de quién podría estar al otro lado del terminal.

Fin de la story.

Escribir como terapia III

El malentendido de la foto de Whatsapp

Cómo iba a imaginar que un 24 de diciembre se podría estropear por un malentendido. Que en un segundo todo se podía echar a perder de tal manera que una fecha tan señalada se convertiría en otro momento de martirio que añadir a la lista. Fíjate. Una vez más tan solo fue una tontería. Todo se malinterpretó y mi palabra no fue suficiente para contener la situación. Todo se rompió. Sin la posibilidad de volver atrás. Y ello cayó en el olvido.

Pongámonos en situación. Unos días antes de ese fatídico día, ella y yo pasamos una tarde cualquiera. Mi chica y yo estábamos en un parque dando un, por qué no decirlo, maravilloso paseo romántico por el parque paseando a nuestro perro. Tal vez algún día hable de él. El caso es que al abrigo de la tarde oscurecida y de la luz de una farola de generosa luminosidad, pensé en sacarle una foto a mi preciosa chica sosteniendo la correa de nuestra mascota. Recuerdo que mi móvil era un iPhone SE, en el que todas las fotografías se almacenaban en la misma carpeta, denominada carrete, independientemente de su procedencia (cámara, Whatsapp, screenshots, etc.). Momentos antes había recibido una foto obscena del grupo de Whatsapp del trabajo. Creo que cualquiera que lea esto sabe cómo va a acabar.

La foto mostraba la imagen de una mujer desnuda en actitud sugerente. Estaba sentada en unos escalones de madera y apoyada en la pared, con las piernas abiertas dejando ver sus partes más íntimas. En la leyenda de la foto “rezaba” la siguiente frase: “Estas navidades el marisco se come crudo”.

Resulta que es evidente lo que sucedió. Momentos antes recibí mensajes de un grupo que no revisé, pero el contenido se descargó automáticamente -benditos avances de Apple-, y al prestarle yo el teléfono a mi novia para que viera la foto que la saqué, pasó el carrete y vio la imagen descrita arriba.

¿Entonces cuál fue su reacción? Pues desde luego no la que yo esperaba. Fue desconcertante ver que no le dio demasiada importancia, devolviendo el móvil y diciendo que vaya cosas veo. A lo que yo contesté: “Me las pasan y siempre las borro. No me interesan. Simplemente se me ha colado”.

Y regreso al día de lo ocurrido. ¿Qué fue lo que sucedió? Pues adivinad… ¡La misma maldita situación! Sí, claro…Venga ya hombre, ¿a quién quieres engañar? Sabéis qué os digo… que maldito sea mi desamparo y mi falta de presunción de inocencia. Maldigo todas las leyes físicas que apuntan a que por ser hombre tengo que estar interesado en ese tipo de contenidos.

Ese día 24 de diciembre estuve con mi chica en Mejorada del Campo (Madrid), viendo su catedral erigida únicamente con materiales reciclados. Aquel día volví a recibir LA HIJA DE LA GRAN PUTÍSIMA MISMA FOTO, por otro grupo diferente. Saqué varias fotos de la catedral, se las enseñé a mi novia y se volvió a encontrar con la misma estampa. Torció el gesto y no me volvió a dirigir la palabra durante el resto del día. Ni siquiera contempló la posibilidad de que pudiera tratarse de una fatídica casualidad. Conduje hasta su casa entre una tensión en el ambiente que se podía cortar con un cuchillo, y al apearse me repitió aquellas palabras que me harían sentir sucio el día más bonito de todo el año.

Estas navidades el marisco se come crudo-.

Gracias por vuestro tiempo.

Eat, sleep, repeat.

(⊙.⊙(◉_◉)⊙.⊙)

Hace tiempo me regalabas momentos que no se pueden calcular en dinero.
Hace tiempo me preguntabas si te podías quedar a dormir, te ponías mi ropa como pijama, preparábamos la cena juntos y comíamos viendo una peli en la tele.
Hacia la mitad más o menos le dábamos a pause y yo recogía los cacharros, para acto seguido ofrecerte algo dulce de postre que siempre me dirías que no te apetecía.
Entonces llegaba el momento en que nos lavamos los dientes mirándonos en el espejo del baño. Y de salir disparados al sofá para taparnos con la mantita gris y darle al play.
Sistemáticamente repetíamos esto, quedándote dormida con tu cabeza en mi hombro o en mi regazo antes de que la peli termine.
Por último yo apagaría todas las luces y te cogería en volandas para llevarte desde el sofá a la cama.
Gruñirías porque las sábanas están frías y te dormirías hecha un ovillo.
Hace tiempo hacíamos esto con una cadencia de tres o cuatro días.
Ahora no recuerdo la última vez que dormimos juntos.
Me encantaría preguntarte qué significaba para ti.
Y gritar en silencio que me muero por que vuelva a pasar.

Gracias por vuestro tiempo..

Escribir como terapia II

✍( ͡❛ ⍨ ͡❛)

Una trivialidad simplemente, según cómo se mire.

Tengo la impresión de que los chicos tenemos las de perder en una discusión de pareja. No quiero ni de lejos difamar sobre la lacra de la violencia de género, la cual es una realidad incontestable en nuestra sociedad y lo ha sido desde siempre. Tan solo quiero centrarme en mi historia y como siempre digo, sin tratar de ofender a nadie.

Pero realmente considero que no estoy en igualdad de condiciones con ella. Parece que no tengo el mismo derecho a alterarme como lo hace ella, a gritar como lo hace ella o incluso a derrumbarme, tal como hace ella. Nadie me ha nombrado el sensato de la pareja. De hecho no es así. No soy mejor que ella en ningún aspecto y seguro que ella sería capaz de culparme de más cosas que lo que yo hago. Expongo aquí una situación.

Un día lo pasamos en el centro comercial de Vallecas. Solemos hacerlo muy a menudo. Fue una tarde normal de esas que pasamos mirando tiendas y comiendo algo en un restaurante. Esto fue lo que pasó. En toda esa tarde le gasté dos bromas. En la primera se nos acercó uno de esos comerciales del banco WIZINK. Ya se ha parado a preguntarnos si estamos interesados en otras ocasiones, y siempre lo hacen iniciando la conversación con la misma pregunta: Hola chicos, ¿trabajáis? A lo que yo en aquella ocasión contesté: -Yo no, pero ella sí-. Esto le ofendió muchísimo a mi novia porque no sabía cómo deshacerse del comercial , aunque fue tan sencillo como decir: -Eh, que no. Que no trabajo. Sólo era una broma de éste-.

Tras pasar un rato en el que no me dirigió la palabra entramos en una tienda de ropa, un New Yorker. Me prestó su abrigo mientras se probaba un pantalón. Posteriormente decidió comprarlo y me dijo que le pasara la cartera, que estaba en el interior del abrigo que me había prestado. Fue entonces cuando le dije que el abrigo no lo tenía yo, que se lo habrá dejado en el probador. Ella tuerce el gesto y comprueba que en el probador no estaba. No pasaron más de dos segundos cuando le dije que se trataba de una broma, y que había escondido su abrigo dentro de la bolsa de Primark que llevaba en la mano. Ridículo, ¿verdad?

Nada más lejos de la realidad. Cara larga hasta el final de la tarde. Entramos a merendar algo a un Tommy meal´s, y ella mantiene esa cara de amargura cuando nos dan la mesa, cuando pedimos, y hasta el mismo momento de dejar el restaurante. Se pidió un postre del que dejó la mitad, y me tuve que comer yo. No puedo olvidar la reacción de asco del resto de la gente que nos rodeaba. miraba en derredor y cuando cruzaba la miraba con ellos y ellas agachaban la cabeza. Estaban indignados por la cara de tristeza dibujada en la cara de mi novia. Temía que en cualquier momento algún justiciero del amor se levantara de su mesa y viniera a poner orden, a ponerme en mi sitio por no saber hacer feliz a mi pobre novia. Aquel día me sentí sucio. Un chico que hace infeliz a su chica. Supongo que es lo único que se ve. Me pregunto si fue tan grave lo que hice como para que se estropeara aquel día.

Gracias por vuestro tiempo.

Mañana de Navidad

No era nuestro mejor momento, ni nuestro mejor día. Ni si quiera fue un buen año . Había dormido poco y me había pasado la noche despachando a borrachos irritaindeseables e inaguantables.


Pero tu tuviste la idea de salir con tus patines. Vacilante al principio, te calzaste y fijaste las protecciones fuertemente al tobillo. Tenías dibujada una sonrisa permanente que brillaba incluso más que el sol. Avanzamos despacito por el carril bici, yo te seguía con mi monopatín sujetandote las manos.


Llegamos a una pista de fútbol con el suelo llano para que pudieras practicar. Dabas vueltas al campo por las líneas de banda esquivando dos preciosas estampas. A un lado un padre jugando a la pelota con sus dos hijos. Al otro un padre enseñando a tirar la peonza a su hija. En un momento dado admiré la escena que tenía delante. Hasta el buen tiempo acompañaba. Y me di cuenta que sin proponértelo me estabas regalando la mejor mañana de Navidad de toda mi vida.

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